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CORRUPCION IMPUNIDAD: ¿ACADEMIA?

 

Amadeo González Triviño
Agobado

Dan cuenta todos los medios de comunicación del gran escándalo del momento. La inveterada corrupción, el cartel de los contratos y especialmente, se destaca en el fondo de todo esto, la impunidad, la ineficiencia y la incapacidad de la Administración de Justicia, para cumplir con su reto, para asumir su responsabilidad, la cual, va aparejada a la de todos, todos, sin distingo alguno;  los políticos se comieron a este país, desde el simple gamonal del pueblo, concejal o edil, hasta el congresista, sin dejar de mencionar a los encargados del ejecutivo, que como directores de orquesta, tienen la batuta mayor, no mencionamos a las contralorías y procuradurías, porque ellas devienen de los políticos mismos y por tanto, hacen parte del mismo engranaje.

Este tema de la corrupción, para satisfacción de nuestras gentes, no es propio de esta tierra, hace parte de un proceso multirracial, internacional, que se ha denominado de la economía global, donde en todos los confines del mundo, se recurre a su práctica y se destacan y denuncian casos que se investigan, para dar con los responsables de todo lo que afecta al patrimonio público, de todo lo que desdice de ese requisito de transparencia y de eficiencia de los bienes del Estado.

Pero cuando las instituciones han adoptado como forma de dinamización de sus procesos internos, la corrupción, como pasa en Colombia, y como se denuncia a diario desde la esquina del parque, cerca del edificio municipal, o que va desde el Congreso a la Casa de Nariño,  es cuando descubrimos que no pasa nada, que todo lo arropan con el manto de la “legalidad”, por muy “ilegales” que sean los propósitos, y en todo este sistema, no aparecen entes de control, no aparecen veedores, y lo que puedan decir los periodistas, en gran parte, son porque han sido excluidos de la repartición del ponqué.

Así las cosas, nos hemos habituado a zozobrar en medio de la crisis de valores, en medio de una crisis conflictiva que va paulatinamente metiéndosenos en cada hogar, en cada casa, hasta convertirse en una forma de vida, en un permanente modus operandi de las relaciones familiares, sociales, políticas y culturales de una región, de un país, o de un conglomerado social. Acaso no encontramos en los políticos de turno, a toda esa gama de funcionarios y ex funcionarios públicos, con los antecedentes más siniestros de atentados contra el erario público, y no se avizora la más mínima sombra de una Administración de Justicia, de una Procuraduría o de una Contraloría, que haya puesto el dedo en la llaga y haga sentir la voz de la democracia y de la participación ciudadana, para exigir y demandar la sanción moral, política, penal y la reclusión en las penitencias, que es donde deberían estar dichos políticos, funcionarios o ex funcionarios de la cosa pública, quienes no se bastan por sí solos, y terminan inmiscuyéndose con sus familias completas, padres, hermanos, hermanas, hijos, para repartirse el botín, asumiendo si es necesario el rostro de la camándula y de la beatitud, para permanecer en el poder?

Mientras esto sucede, que no ha de suceder nunca, si seguimos con los mismos dirigentes y con los mismos resabios de la politiquería y del engaño y de los chantajes donde una batería sanitaria que se contrate para un humilde campesino, es el parapeto para el enriquecimiento ilícito de un gobernante, no nos queda otra esperanza que la de pensar en la posibilidad de que los académicos desde sus centros de enseñanza, desde la educación, desde la universidad, puedan direccionar los mínimos visos de una transformación social, humana y cultural que tanto se necesita.

¿Y entre los académicos, no ronda también la corrupción? Entonces, ¿qué nos queda a éste país y donde hemos de encontrar el camino para una depuración que no se ve venir?






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