Édgar Artunduaga Sánchez
Candidato a la Cámara por Bogotá
El ex alcalde de Palermo Víctor Polanía salió a mofarse (y también a bufar) porque, en su momento, denuncié que invertía dinero en exceso (el señor del maletín) para ganar la consulta conservadora, y que estaba encartado gravemente en la Fiscalía. Sesgadamente la Procuradora Delia del Socorro Cedeño (amparados por el mismo padrino político) “le borró” antes una treintena de investigaciones.
Polanía y su grupo (“Integración”) ocultaron la verdad sobre la situación jurídica y legal del folclórico candidato. Nada menos que una resolución de acusación por enriquecimiento ilícito, con posibilidad de ir a la cárcel en los próximos días.
Pujacho, como le dicen, creyó que podía burlarse de imputaciones serias en su contra. Y puso en duda mis averiguaciones que tenían el rigor que me ha caracterizado en el periodismo (35 años en los medios más importantes del país) y el carácter que he demostrado como político.
Seguramente pensó que, como suele suceder, sujetos inescrupulosos se hacen elegir y después –desde las alturas del poder- manipulan la justicia y los organismos de control para limpiar su pasado escabroso. No de otra manera, tanto hampón habría llegado a la política.
Elogio que el Directorio Nacional Conservador, que preside el ex ministro Fernando Araújo, haya desestimado presiones para tomar la decisión que adoptó. Pujacho, que su único mérito ha sido el de derrochar dinero de procedencia sospechosa (y ser un tipo simpático, un bacán, según sus amigos) estuvo a punto de ser exaltado al Congreso a un costo económico incalculable, en detrimento de las sanas costumbres políticas.
Si las llamadas ías (Contraloría, Procuraduría, Fiscalía) fueran eficaces y estrictas en sus responsabilidades, otros “personajes” (o personajillos) del Huila no habrían llegado nunca al Congreso. Casos viejos y recientes se conocen sobre infames saqueos a municipios y también al departamento para hacerse elegir.
Sin ir muy lejos, sería bueno hacer el ejercicio (por incomodarse, apenas) de preguntar de dónde sacaron el dinero para sus campañas los candidatos que hoy van al Senado y a la Cámara. ¿Qué empresas han fundado alguna vez, o qué heredaron para vivir y gastar todo lo que a veces despilfarran? ¿Quiénes son sus patrocinadores? ¿Dónde esconden o “guardan” el dinero mientras viene la próxima contienda electoral?
Claro que no todos son bribones. Injusto sería generalizar. ¡Pero vaya que habría más de un desencanto!
ADN se jodió
Vista de cerca, aún la política más alta, es siempre pequeña, mezquina, miope, una riña de vecindario, dice mi amigo Aguilar Camín. Y por esta época es una enorme ameba de resbalosos contornos, con múltiples cabezas retráctiles. Cuando queda en evidencia que alguna está podrida, muda de cara (se transforma) y asume la figura de algún pariente, según María Teresa Ronderos.
“En un simple paseo por las carreteras del país se ve el paisaje manchado por las vallas con los rostros enormes de los recién mutados de todos los partidos. Así, un senador preso, acusado de haberse ideado una masacre para instalar el terror entre sus fieles votantes que lo hicieron importante, muta en la cara de su hermana.
Y un gobernador, condenado por haber ejercido el mando al servicio de unos bárbaros, aparece con la de su esposa; y uno más, cuyos negocios familiares prosperaron a la sombra de poderes arbitrarios, rejuvenece a su semblante al poner a su hijo en la foto”.
Por fortuna, en medio del mercado persa que se vive en la política (hay políticos que no salen de gira sino de compras) sobresale esta semana la cancelación de la personería jurídica del partido ADN.
Lo describe, en su estilo maravilloso, el escritor Julio César Londoño: “El partido ADN fue un engendro que nació entre octubre y noviembre de 2009 para reciclar los desechos más fétidos de nuestra fétida clase política. Para conformarlo se reunieron, ora en el Congreso, ora en La Picota, Juan Carlos Martínez, Dieb Maloof, Vicente Blel, Habid Merheg y Jorge Castro Pacheco, hermano del ex jefe paramilitar “Tuto Castro”, entre otros primores.
Para que nadie dijera que todos eran pillos profesionales, enrolaron un pistolero aficionado, Faustino Asprilla (un sujeto famoso porque tiene prepucio, pucio y pospucio) y un eximio representante del folclor nacional, Moreno de Caro.
Por dinero no se preocuparon: tenían a su disposición todas las caletas de Alí Babá. Parece que contaban con la bendición del Gobierno y con el favor de la opinión pública, al punto que su tema era Uribismo de Opinión. Sólo les preocupaba el nombre y contrataron un publicista que les inventó una sigla extraordinaria.
Reconforta saber que a estos sujetos se les agua la fiesta. Lo más probable es que lleguen al Senado. Seguramente buscarán cobija bajo la bandera de Convergencia Democrática (alias PIN) pero produce un gran frescor saber que, como partido, como mecanismo perverso y nacional, ADN se jodió. Dios aprieta pero no ahorca, dice mi mujer”.
Añadir comentario acerca de esta página: